Qué risas

Las cuatro esquinas del mundo

treptow

El Ayuntamiento de Barcelona organiza una exposición en la que incluye unas esculturas, se supone que por su valor simbólico. A una de ellas —la estatua ecuestre de Franco de Josep Viladomat— alguien la había dejado sin cabeza, cuando se encontraba en un depósito municipal.

Al final han tenido que retirar la estatua, completamente destrozada. A nadie le ha preocupado que alguna gente se dedicase lanzar huevos, pintar, colocar banderas, muñecas y finalmente derribar la obra. En particular, a ninguno de los que deberían haberse asegurado de que esto no sucediera.

Es imposible no ver esto como un remedo tragicómico de los juicios inquisitoriales. El citado ante el tribunal que no comparecía era declarado contumaz, más adelante pertinaz, y la pertinacia llevaba a la condena del ausente como si fuera hereje, para después ser quemado en efigie.

Los que, con su dejadez, han permitido que la gente se dedique a destrozar…

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