Miles de catalanes han salido a la calle para reivindicar su profunda hispanidad y oponerse a la farsa de las urnas chinas y el timo de la casta separatista. Al grito de «Puigdemont a prisión», «Bote, Bote, Bote, subvencionado el que no vote» o «Yo soy español, español y catalán», han aguantado estoicamente bajo una briosa lluvia desde Plaça Urquinaona hasta Plaça Sant Jaume. «Esto no es lluvia, Pugdemont está llorando» ha sido otro de los cánticos que los presentes han recitado a los señoritos del Cortijo comisionado en un ambiente festivo y familiar.















«Aquest és vídeo de la concentració d’aquest matí a les 12h a la plaça universitat davant de la UB com a protesta pel desallotjament de la Central de la passada matinada. segurament en sentireu dir moltes coses al respecte, però poques provinents dels mitjans, dels rectors o professors sobre la càrrega policial sobre els estudiants, i és per això que les protestes i divulgacions que nosaltres en podrem fer de cara al públic difícilment seran valorades o tingudes en compte.
Dichosos los tiempos en que nos quejábamos del relativismo. Porque bien puede decirse que su hora ya ha pasado. Henos aquí metidos de lleno en una nueva época de feroz absolutismo, en lo ideológico y en lo político. Bien lo comprobamos estos días, sin ir más lejos, con las celebraciones del “World Pride”, Orgullo Gay, o fiestas mundiales de la libertad/diversidad sexual, que ya no tienen suficiente con una sola jornada o solemnidad y se van convirtiendo en una novena.
Lo más llamativo de este año, en dichas fiestas, ha sido la presencia política, la unanimidad política. Ni una discrepancia ni un matiz diferenciador. En España al menos, todos los partidos han participado, se han sumado sin rechistar, han perdido el culo por aparecer junto a la gran bandera iridiscente. También ese partido, ese gran partido que dice representar a los españoles de ideario conservador y del humanismo cristiano. Todos…